El miedo a las máquinas por…Regino Martín

21 febrero 2012 at 19:35 1 comentario

“El miedo a las máquinas”

Desde que la cultura nos ha establecido como hombres con identidad, tenemos configurado el temor a la máquina, a la construcción del hombre que pueda amenazarlo. Ese miedo a la máquina nos hace que tomemos precauciones con respecto a la misma.

¿Por qué tememos a estos engendros que nosotros mismos hemos creado?

La tecnología, la máquina, el robot y todo aquello que el hombre construye para poder vivir mejor, no solo sirve al propio hombre, sino que lo desafían, lo cuestionan, le preguntan al propio hombre, ¿quién eres tú? La máquina hace lo que nosotros le decimos que haga, que suele ser una actividad que nos resulta pesada o compleja, la realiza de modo rápido, eficiente y no se cansa. Esa actuación nos plantea una duda, ¿será capaz de sustituirme? El temor nos suele acechar. Ya en la revolución industrial que se extendió en el siglo XVIII y XIX, el maquinismo supuso la extensión de las máquinas como modo de producción y ello trajo el Ludismo (odio a las máquinas) y demás movimientos contra el desarrollo de toda complejidad industrial. Las nuevas tecnologías que se han venido desarrollando en el último decenio, con el boom de internet y de todo lo relacionado con la red y las redes, ha puesto de manifiesto una serie de consecuencias culturales, psicológicas y económicas. La desconfianza hacia el medio es una pauta común en este mundo actual. Podemos ver como en aquella película de 1982 de Ridley Scott llamada “Blade Runner”, en la que unos androides (Replicantes) vuelven a la tierra rebelándose a su destino y desafiando a su creador, el hombre. El temor acecha a toda novedad tecnológica y quizás no nos deje ver las potencialidades revolucionarias de este nuevo paso hacia delante que ha supuesto todo esto.

Está de moda decir que el futuro es INTERNET y todo lo que se desprende de él, pero creo que no es exactamente eso, es un presente que se proyecta a un futuro, incierto, por hacer, que nos llena de desasosiego y angustia. La incerteza que supone saber que las nuevas tecnologías son tan innovadoras que van a cambiar nuestra vida de un modo que será imposible reconocerla.
¿Alguien se podía imaginar que el mundo entero estuviera contenido en tu ordenador portátil que llevas en la mochila?
¿Alguien podía imaginarse que con un móvil podrías estar contactando con un australiano en tiempo real?

Los cambios no solo se estructuran dentro del mundo de la información y su acceso. Quedarse con este pequeño detalle sería perderse la enorme revolución que supone todo esto. Si nosotros somos un animal cultural que está definido por la información y la socialización, ¿cómo no va a afectarnos el poder estar en la información y socializarnos con quienes ni tan siquiera podíamos imaginar? Ahora no accedemos a la información, ahora somos la información. Este impacto cultural determinará la concepción sobre el Yo, sobre el concepto mismo de hombre. La mayoría de los intelectuales que reflexionan sobre esto, lo enmarcan dentro de una moda, de un modo pasajero de hacer las cosas, igual que durante un invierno se pone de moda el color verde pistacho, ahora está de moda toda esto de la red, según ellos piensan. Creo que el error es tremendo, no concebir esto como una revolución imparable que destruirá el concepto del mundo y del hombre hasta tal punto, que todo lo que conocemos actualmente como Hombre, dentro de unos años, será distinto.

La pregunta es clara, ¿en qué será distinto?

El hombre moderno se concibe desde el siglo XVIII, desde que la Ilustración elaborara un nuevo concepto de Hombre, el denominado como Hombre-Individuo. Se erradicó la figura de Dios como el creador y absoluto dominador de la naturaleza y se sitúa al Hombre en el centro, se los levantó la vigilancia de nuestros tutores. Desde entonces vivimos en este paradigma en el que el sujeto que se ve a sí mismo como una individualidad que se enfrenta al mundo, a la naturaleza, al otro. Todas las ciencias que se crearon desde entonces, nos llevan a la voluntad de creación de una nueva manera de ver el mundo, de un modo en el que el hombre es capaz de dominar la naturaleza, de someterla y construir un nuevo mundo. Nuestras sociedades son uniones de individuos que se interrelacionan, que se han unido en un contrato y deciden hacer  una sociedad. Todo este concepto que nos ha llegado hasta el siglo XXI se está viendo dinamitado, se está viendo completamente apartado. El sistema era claro, los individuos se relacionaban con los poderes desde su individualidad, y se interrelacionaban entre ellos desde ese prisma, pero ahora formamos todos parte de un entramado de  redes sociales y de redes tecnológicas que no solo te permiten relacionarte, sino que te permiten constituirte como individuo, como un Yo pensante que a su vez afecta al todo. El valor individual se está diluyendo en un Yo-Nosotros que nos configura. No todo esto afecta al individuo en su concepción, sino también al conjunto de su producción. Uno de los campos que más se están dinamizando es el Arte. Anteriormente un artista se tenía que someter a las reglas de un modo de hacer que imponía el sistema, pero ahora todo ha cambiado. Un ejemplo sería la de un pintor, antes debía agradar a un marchante o galerista, convencerlos, y con mucha suerte poder exponer en una galería, esperar a que un crítico de arte le descubriera, y que un grupo de personas influyentes creyeran en él. El público era siempre minoritario, pero ahora se encuentra en la tesitura de decidir qué hacer con su obra, qué hacer con su arte. Puede decidir hacer lo tradicional y exponer en el sistema convencional, o difundir su obra por los medios y canales de las redes, con millones de personas a su alcance, con interacción plena sobre su arte, sobre su creación. Pero no solo como espectadores, sino cómo críticos, ya que los que accedan a su obra de arte podrán conectar con él e interactuar criticando su obra, cuestionándole como artista, haciéndole preguntas que le permitan crecer y a su vez el artista también podrá interactuar. Ya no estamos ante el romántico sueño de una pintor en Paris buscando la fama, sino que cualquiera desde su casa, desde cualquier lado podrá establecer los parámetros de lo que desea hacer, de lo que desea crear para comunicarlo al mundo, que a su vez a lo constituyen.

¿Os imaginais la literatura? Poder subir a la red una obra literaria  sin tener que esperar a que un editor decida publicar o no un libro, el escritor lo tendrá publicado inmediatamente, estando sometido a mejora constante. Julio Cortazar imaginó en Rayuela una infinidad de lecturas y creaciones de una obra literaria, este nuevo mundo no solo permite la lectura y relectura de la obra, permite que el lector cuestione al escritor sobre su obra, sobre sus personajes, sobre todo, estableciendo una relectura fragmentaria o convencional, a gusto de cada uno. ¿No es esto una Revolución en toda regla?
Lo mejor de todo esto es la inconsciencia de la misma, la gente vive una vida normal, dentro de un ritmo normal, cambiando los modos de hacer de manera radical pero aceptándolos como dados, como un algo más. Ya nadie se afecta por el modo distinto de hacer las cosas, sencillamente las vive.

Esta revolución es irreversible, nada será igual en el futuro, y quien no esté dentro se verá expulsado a las afueras de la misma, si no estás en este cambio, sencillamente no estarás.

¿Sabremos vivir con este desasosiego que supone no saber que nos deparará el futuro?
¿Seremos capaces de prepararnos para este desafío?

Regino MARTÍN PÉREZ

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1 comentario Add your own

  • 1. juan  |  8 septiembre 2012 en 19:53

    donde trabajas Regino……igual nos conocemos..,..

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